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Los mitos y la salud

Tabla de contenidos:

“Todo el mundo sabe que el tabaco es malo”

En los países desarrollados existe una gran controversia sobre si los fumadores perciben adecuadamente sus riesgos de enfermar. Un trabajo de finales de los 90 demostró que sólo el 29% de los fumadores percibían tener un alto riesgo de sufrir un infarto y un 40% temían desarrollar algún tipo de cáncer. En los que fumaban más de 40 cigarrillos al día el porcentaje era algo superior: un 39% para infarto y un 49% para cáncer(122). En China, el 61% de los fumadores adultos encuestados creen que los cigarrillos son “nada o poco peligrosos”. En otro estudio realizado en Polonia los investigadores pidieron a los adultos que clasificaran “los factores más importantes que influyen en la salud humana”. El citado con mayor frecuencia fue “el medio ambiente”, seguido de los “hábitos alimentarios” y “los modos de vida estresantes o ajetreados”. El “consumo de tabaco” ocupó el cuarto lugar, citado por el 27% de los encuestados. Sin embargo, es el responsable del 35% de las muertes prematuras en los varones polacos, lo que le sitúa muy por delante de cualquier otro factor de riesgo(123).

Los niños y adolescentes tienen menos información y conocimiento que los   adultos sobre los efectos dañinos del tabaco en la salud. En Estados Unidos, donde se podría esperar que los jóvenes hubieran recibido más información, casi la mitad de los niños de 13 años cree en la actualidad que fumar un paquete de cigarrillos al día no les resulta demasiado perjudicial. En España un estudio reciente ha revelado que el 48,4% de los chicos y el 39,9 % de las chicas de 4.o de ESO percibían poco o ningún riesgo por fumar de vez en cuando. Un 11,4% y un 9,3% respectivamente desconocían completamente el riesgo(21,22).

En general, la mayoría de fumadores no son ampliamente conscientes de los riesgos que corre su salud si no dejan el tabaco lo antes posible. Esta percepción es más marcada entre los de más edad y en los que han recibido menos educación.

“De algo hay que morir”

Es el mito del destino. El destino de todo ser que nace es morir. Pero casi nadie elige de forma consciente y juiciosa morir de forma prematura. En nuestra cultura, todos los individuos desean en el fondo tener una vida larga y de calidad. Los fumadores confían en disfrutar de la ilusión del placer que proporciona el cigarrillo con la esperanza de que no altere su futura calidad de vida. Muchos niegan, minimizan o frivolizar los riesgos del tabaco.

Algunos fumadores argumentan que dado que la muerte es algo ineludible no importa morir joven si el tabaco les reporta placer a lo largo del tiempo. En parte, porque, como explica Rojas Marcos, “nuestra cultura celebra la gratificación instantánea, aquí mismo y ahora mismo, mientras que la prevención da frutos a largo plazo”(124). En parte también, porque el fatalismo y el nihilismo son algunos de los sesgos cognitivos de la depresión. Se cree que podría estar en relación con el hecho de que un número significativamente elevado de fumadores y, sobre todo, de fumadoras tienden a ser depresivos(11,12).

También podemos perder la vida si nos cae encima casualmente un rayo en una tormenta, dicen otros. Veamos unas comparaciones estadísticas: un fumador de 40 años tiene 1/200 posibilidades de fallecer por el tabaco a lo largo de un año. El riesgo de sufrir un accidente de tráfico es de 1/8000, el riesgo de morir por contaminación ambiental urbana (la Legionella incluida) es de 1/12.000, y el de morir por un rayo es menor de 1/1.000.000. ¿Pueden considerarse comparables? El consumo de tabaco causa más muertes evitables que la suma de accidentes de tráfico, alcohol, SIDA y drogas ilegales.

El manejo de los riesgos del tabaco hay que hacerlo en comparación con la conducta de no fumar, no con la de comer tocino o practicar parapente. Las coletillas de “mi abuelo que fumo toda la vida y murió con más de 90…” o Santiago Carrillo y sus sempiternas colillas son excepciones, que no prueban nada, excepto la existencia de excepciones. También hay combatientes que han sobrevivido a feroces batallas, supervivientes en terribles accidentes de avión, portadores del virus del SIDA que no han contraído la enfermedad… Siempre hay excepciones para todo y quizás sirven para buscar algo de tranquilidad cuando uno se está jugando el tipo con alguna conducta arriesgada, pero no invalidan las relaciones causa-efecto producto de la evidencia científica y empírica basada en datos, en hechos, en procesos reproducibles, observables y constatables. La ciencia no juega en la liga de las creencias aunque las reconoce y las comprende.

Resulta poco útil mezclar los debates del tabaco con otros debates de salud o de libertades; cada uno tiene su espacio y sus peculiaridades. Los problemas deben abordase en sí mismos para contribuir a su clarificación. La comparación del tabaquismo con otros retos sociales y de salud (contaminación ambiental, cambio climático, amenaza nuclear, etc.) normalmente tiene la intención o el resultado de negar, minimizar o frivolizar los verdaderos riegos del tabaco y confundir a la opinión pública.

“Las drogas ilegales son mas peligrosas”

Está comprobado que el tabaco es la puerta de entrada por la que los jóvenes se introducen en otras drogas. Hay fuertes evidencias a favor de lo que se llama el escalonamiento en el uso de las sustancias adictivas. Es decir, el tabaco y el alcohol predisponen al cerebro inmaduro del menor al consumo de cannabis, éxtasis, cocaína, etc. Los menores (12-17 años) que fuman consumen también cocaína con una frecuencia treinta veces mayor que los menores que no fuman(125).

Es cierto que las consecuencias de algunas drogas ilegales han creado más alarma social, y muchos problemas de delincuencia y marginalidad. Ocurrió con la heroína, droga letal que acabó con la mayoría de consumidores por diversas causas: sobredosis, sida, hepatitis infecciosa, muerte violenta… Pero ni en los peores años causó más del 1% de los muertos en relación a los que provoca el consumo de tabaco. Simplemente, ocurre que las víctimas del tabaco no son noticia. Los fallecidos por su causa, aunque sean personajes populares, suelen morir de repente (infarto) o tras una larga enfermedad (cáncer de pulmón o enfisema).

En todo el mundo, el tabaco provoca una mortalidad mucho mayor que la que se atribuye al uso del alcohol y las drogas ilegales en su conjunto. Por eso es muy importante evitar por todos los medio el consumo o, al menos, retrasar el inicio hasta la mayoría de edad.

“El humo de tabaco molesta a los obsesivos”

Los expertos saben que cuando el cigarrillo se quema espontáneamente, sin ser aspirado, se origina la llamada corriente secundaria, de la que procede gran parte del humo que inhala el fumador involuntario. Se ha comprobado que los niveles de nicotina y de alquitrán en la corriente secundaria del cigarrillo son tres veces superiores a los de la principal y, la concentración de monóxido de carbono, cinco veces mayor. Esto hace que su humo pueda provocar trastornos a los no fumadores que lo sufren(94).

En EE.UU., 53.000 no fumadores mueren cada año de enfermedad cardiaca y 3.000 de cáncer de pulmón por esta razón. Tomando como ejemplo hipotético un país con 10 millones de habitantes, se estima que se producirían en torno a 2.000 muertes al año por cáncer de pulmón y enfermedades cardiovasculares entre no fumadores por la exposición al aire contaminado por humo de tabaco. En Europa la estimación de muertes por tabaquismo involuntario es de 79.000 al año(38).

“Es el papel lo nocivo; el tabaco es un producto natural”

Es el mito del papel de fumar. Sin embargo, también el opio o el cannabis son naturales. Producto natural no es sinónimo de inocuo. Básicamente el papel supone menos del 1% del peso del cigarrillo y, emite menos del 1% de la toxicidad por monóxido que se produce en el acto de fumar. El papel del tabaco no es más que celulosa impregnada con algunos productos químicos para retrasar la combustión y mantener el cigarrillo encendido. Es verdad que al papel se le añaden sustancias, pero no son los principales tóxicos del tabaco. Por ejemplo, el acetato de sodio usado en el papel del cigarrillo en lugar del citrato tripotásico, hace el humo de la corriente secundaria menos visible. Otro producto, el hidróxido de calcio impregna el papel de los cigarrillos, haciendo el humo menos irritante (pero no menos peligroso) para los no fumadores(34).

Pero lo más curioso de todo es que de forma cíclica, alguien se ha ocupado de difundir noticias, según las cuales parece que el producto verdaderamente tóxico del cigarrillo es el papel que lo envuelve y no el tabaco. Un posible objetivo de este mensaje sería promocionar los cigarros puros y los cigarritos de capa natural, para retener para el negocio a los clientes preocupados por la salud y crédulos con el asunto del papel. Es posible que la industria del tabaco sea la fuente de semejantes noticias. Al fin y al cabo, su estrategia de comunicación, admitida en sus documentos internos, es sembrar la duda y la confusión en la sociedad y especialmente entre sus clientes los fumadores.

“No se ha demostrado una relación causal entre respirar humo de tabaco y enfermedades”

La mayoría de los médicos de familia tiene ocasión de ver víctimas del tabaquismo pasivo a lo largo de su vida profesional. Los neumólogos que trabajan en servicios hospitalarios tienen cada año varios casos muy claros de víctimas del tabaquismo pasivo afectados de cáncer de pulmón o enfermedad pulmonar obstructiva crónica. En España se ha estimado que sólo por cáncer de pulmón hay unas 400 muertes anuales en personas que nunca han fumado activamente pero que han trabajado con personas que sí lo hacían(35).

La industria del tabaco ha llegado a sobornar a ciertos científicos para poner en duda este extremo. Las profesoras Barnes y Vero, de la Universidad de Berkeley en California, estudiaron 106 revisiones científicas sobre el humo ambiental de tabaco y la salud. Encontraron que 67 de ellos concluían que el primero era cancerígeno y 39 que no. Al analizarlos, observaron que los autores de 29 de esos estudios tenían fuertes vínculos con la industria tabacalera, lo que supone un conflicto de intereses que comprometen sus conclusiones(126).

En la misma línea, un grupo de expertos de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Sidney decidió estudiar 484 textos, aparecidos en una publicación de la asociación International Society of the Built Environment entre 1992 y 2004. Tenían como objetivo examinar las relaciones de la industria con el editor y el personal de la revista de esta asociación. Los investigadores encontraron que de 66 documentos, 40 negaban el riesgo del humo de tabaco ambiental. En 36 de esos 40, al menos un autor tenía vínculos con las tabacaleras. Ellos mismos añaden que un 32% de estas investigaciones fueron financiadas directamente por el sector o por sus agentes. Además, en el 73% de los estudios por lo menos un autor mantenía relaciones económicas con las tabacaleras(127). Por lo visto hay científicos tan distraídos que no recuerdan ni dónde han dejado la ética.

Claro está que en público las compañías tabacaleras lo siguen negando a fecha de hoy, junto a sus grupos corporativos y su corte de columnistas bajo fachada de independientes.

“El tabaco me sirve para afrontar el estrés”

La percepción subjetiva que tienen algunos fumadores no coincide con las apreciaciones de la ciencia. Es normal. Las percepciones y los hechos no siempre coinciden. Si nos olvidáramos de las imágenes del planeta Tierra aportadas por la nave Apolo, la percepción que tendríamos es que la tierra es plana. Pero todos sabemos que no es así y, lo sospechamos cuando vemos en el mar un horizonte ligeramente curvo y vemos que lo primero que desaparece en el horizonte al alejarse del puerto un gran velero es el casco.

Algunos expertos se empeñan en justificar el consumo de tabaco por la teoría de la automedicación: los pacientes encuentran alivio para su malestar emocional. Los hechos nos indican que más bien es el cigarrillo el que aumenta la depresión, aunque también es cierto que es el especialista el que debe recomendar cómo establecer la disminución y retirada del tabaco en un paciente psiquiátrico(73).

No hay evidencia de que las personas con depresión tiendan a comenzar a fumar con posterioridad. Por lo tanto el viejo mito de que aunque el tabaco sea malo para el cuerpo puede ser bueno para la mente se está derrumbando por momentos.

Lo cierto es que los fumadores presentan mayores niveles de ansiedad y estrés percibido que el resto de la población(10,11). Es como en un incendio que alguien confundiera el pirómano con el bombero. Eso es justamente lo que les ocurre a muchos fumadores: no se dan cuenta de que el responsable del “incendio” es el cigarrillo.

Aunque la vida es muy complicada, dejar de fumar es una buena manera de reducir el estrés y la ansiedad. La sensación de que el pitillo alivia el estrés es una ilusión, una fantasía, una falsa percepción generada por la propia adicción.

“Los aditivos del tabaco son naturales”

Se sabe que los aditivos del tabaco contribuyen a reducir la percepción del humo ambiental de tabaco y a hacerlo más “tolerable”. Algunos legisladores asumen, persuadidos por la industria del tabaco, que los aditivos ayudan a que los consumidores acepten más fácilmente los cigarrillos bajos en alquitrán y que por lo tanto se reduce el riesgo para la salud.

Un documento de un científico, Sydney Green, de British American Tobacco (BAT) decía literalmente en un informe interno y secreto fechado en 1977 lo que sigue a continuación: “Una posible vía de desarrollo podría ser utilizar compuestos (como la etorfina) que son 10.000 veces más efectivos como analgésicos que la morfina y muy adictivos. Es teóricamente posible añadir cantidades analíticamente indetectables a los cigarrillos para conseguir fidelidad a la marca. Se podría pensar en la posibilidad de que este proceso “ocurriera” de forma natural”.

La etorfina es conocida como la “droga elefante” entre los veterinarios, dado que con una sola gota se puede matar un elefante. La etorfina ha sido usada de forma ilegal y en dosis muy bajas para aumentar el rendimiento de los caballos de carreras(128). Lo más estremecedor de este testimonio es que es imposible saber si la recomendación de Green fue o no tenida en cuenta en algún momento por la dirección de BAT. Pero la carrera de las tabacaleras por la cuota de mercado y la fidelización hacia sus marcas hace temer que para ellos, el fin justifica los medios.

Es deseable que el tabaco contuviera menos de estos aditivos potenciadores de la adicción; de esta forma sería posible una mayor libertad para dejar de fumar, algo que todos los fumadores desearían, pero que la industria tabacalera no parece dispuesta a atender.

Aunque los fumadores merecen mejor información acerca de los productos que consumen, no se deberían olvidar que hasta sin añadidos, el tabaco seguiría siendo esencialmente un producto adictivo y cancerígeno.

“Fumar después de una comida es un placer”

El tabaco, sobre todo los puros, ha ido históricamente de la mano del buen comer y beber. El humo del tabaco arruina el funcionamiento de las papilas gustativas y de los receptores olfativos. En el mundo de la alta cocina, a menudo se pretende buscar sutiles aromas y sabores, delicadas combinaciones y conjunciones que se modifican incluso por bajas concentraciones de humo de tabaco. La condición de fumador o simplemente verse obligado a respirar el humo de tabaco de los demás puede influir en el disfrute de una auténtica delicia o de un buen vino, pudiendo echar a perder el disfrute autenticas obras de arte culinarias.

Grandísimos chefs como Ferran Adriá, Carme Ruscalleda o Enrique Martínez comparten totalmente esta tesis y afirman con rotundidad que tabaco y gastronomía “no casan”. El efecto contaminante, dañino y molesto del humo del tabaco es un gran enemigo de la buena mesa.

“El tabaco aumenta el atractivo sexual”

Es un triste mito y una falsedad pensar que el tabaco es un estimulante de la potencia sexual. La realidad es que los fumadores consultan al médico mucho más por impotencia que el conjunto de la población(46).

Quizás en los anuncios y en el cine de Hollywood, pero para los científicos, la incidencia de la nicotina es claramente perniciosa para el sexo y fomenta la impotencia sexual en los varones y la esterilidad en las mujeres. Estas aseveraciones presentando al varón fumador como más varonil, audaz y sexy pueden resultar divertidas para los más jóvenes; pero puede ser un hábito temerario con el paso del tiempo.

Un estudio experimental en jóvenes demostró que los que no fumaban tenían una erección normal, mientras que los que habían fumado ese día “tan solo” 2 cigarrillos tenían una erección 30% menor que los que no habían fumado(53).  Naturalmente este es un resultado promedio, por lo que pudo haber algún caso individual en el que no había diferencias. Las excepciones no hacen las reglas. Lo que hace las reglas es lo que sucede en el promedio de los casos. Por lo tanto aquí se podría plantear un dilema: fumar o amar. Otro estudio muy amplio y bien ejecutado analizo la actividad sexual de 5.000 varones. El resultado fue que aquellos que fumaban más de una cajetilla diaria tenían un 50% más de probabilidad de sufrir impotencia que aquellos que nunca habían fumado. Pero también los que fumaban menos de 10 cigarrillos al día, presentaban un riesgo significativamente mayor de sufrir disfunción eréctil que los no fumadores(34).

Estos resultados vienen a corroborar los peligros del tabaco para la vida sexual y debería ser una razón extra para que los varones dejaran de fumar(129).

“El tabaco aumenta el rendimiento intelectual”

Hay evidencias de una relación directa entre tabaquismo y reducción en la habilidad del pensamiento(13). Sin embargo los fumadores aseguran que un cigarrillo les ayuda a concentrarse y a estar más alertas. Los años de consumo de tabaco causan un efecto contrario, reduciendo rapidez y claridad en las habilidades de cognición, y una reducción en el coeficiente intelectual. Las consecuencias con un deterioro en la memoria, capacidad para resolver problemas y coeficiente intelectual son más pronunciadas entre quienes han fumado durante más años.

Entre los años 2000 y 2002, un grupo de investigadores de las universidades de Edimburgo y de Aberdeen (Escocia) evaluó los casos de 465 personas clasificados en función de si eran fumadores, lo habían sido o nunca habían probado un cigarrillo, los participantes de 64 años realizaron cinco pruebas para evaluar sus habilidades cerebrales. Entre otras tareas se les pidió que recordaran una serie de palabras, eligieran la pieza que encajaba correctamente en un hueco o nombrasen diferentes usos de un determinado objeto como, por ejemplo, un sombrero. De forma general, los fumadores lo hicieron peor en todos los test(130).

Algunos creen y afirman que el tabaco ha sido un medio eficaz para facilitar el espíritu creativo de escritores y otros creadores. Esto es más bien poco congruente con todo lo que sabemos del tabaco. Por si no fuera suficiente hasta los propios escritores lo han reconocido. Terenci Moix, poco antes de fallecer por enfisema pulmonar hizo las siguientes revelaciones: “Con mi enfisema debidamente diagnosticado, continué consumiendo veneno y reduciendo mi calidad de vida al mínimo, por no decir a la nada absoluta. Nunca faltaron las excusas ¿Cómo iba a escribir una sola página sin mis aliados los cigarrillos? Pero los ducados no me hicieron escribir como James Joyce”(131).

Es una falsa creencia pensar que a la larga el tabaco ayuda a estudiar, a comunicarse o desarrollar cualquier actividad intelectual.

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